
Una casa gana identidad cuando los objetos parecen haber encontrado su lugar de forma natural.
El vidrio ámbar conversa con madera, piedra, lino y hojas verdes. Sobre una bandeja o junto a los libros, suma calidez sin dominar la composición.
Cuando la vela esté apagada y fría, la tapa metálica ayuda a guardarla entre un momento y otro. Así, el objeto también participa de la espera.
“La belleza vive en lo que permanece, incluso cuando la llama descansa.”
