
Toda casa puede guardar un lugar donde el tiempo parece correr en otra dirección.
No tiene que ser una habitación entera. Un sillón junto a la ventana, un cojín en el suelo o la orilla de la cama pueden convertirse en esa dirección.
Deja ahí solo lo necesario: algo para apoyar el cuerpo, una luz suave y un aroma que reconozcas. Al encender una vela, mantén una distancia segura de las telas y nunca dejes la llama sin supervisión.
“Cuando eliges un rincón para respirar, la casa aprende a acoger.”
